Aunque existe algún autor que los defiende, no hay nada más molesto para el espectador de una película que un spoiler, el destripe de la trama que desvela el desenlace
Si bien es cierto que normalmente ganan los buenos, siempre nos queda cierto margen de duda que, aunque no nos deje el cuerpo tan bien, en ocasiones hace subir la valoración de la película, alejándola del happy ending al que estamos tan acostumbrados.
No obstante, hay un método sencillo para averiguar, en las narraciones de misterio, quién es el malo o el culpable. No es una fórmula matemática (por lo tanto no es infalible), pero con ella acertarás en la mayoría de ocasiones.
No sigas leyendo si no quieres conocer el spoiler definitivo
La famosa frase “y el asesino es…” toma una nueva dimensión con esta información que facilita el trabajo del mismísimo Hércules Poirot, el gran detective creado por Agatha Christie. Su origen se encuentra en el star system que encontramos siempre en el reparto de las películas, encabezadas siempre por el actor/actriz más importante de la cinta.
Y aquí está la clave… El malo, el culpable o el asesino, que será descubierto por nuestro protagonista ante todo el resto del elenco y los espectadores, será el segundo intérprete más relevante.
Tiene su lógica… Un actor o actriz de caché, seguramente no va a hacer un papel más irrelevante que el corresponde al malo (obviamente hay excepciones que escriben el nombre de su profesión con mayúscula) pero es la norma imperante en toda la historia del cine.
Otra cosa sería hablar de lo atractivo o goloso que puede ser un papel. En este aspecto, casi siempre me inclino por los malos, que si están bien escritos contienen luces y sombras más interesantes. Y siempre me viene a la memoria los protagonistas de la teleserie Falcon Crest, el bueno y anodino Chase Gioberti y el malísimo pero mucho más interesante Richard Channing.